Los procesos de enseñanza-aprendizaje planteados desde un enfoque de trabajo colaborativo se basan en las teorías del constructivismo social, que concibe la adquisición de conocimiento como una construcción social que se origina mediante la interacción entre los individuos.
La cooperación entre pares, o iguales, es un modelo que favorece la cohesión del grupo y posibilita una atención personalizada según las necesidades y capacidades de cada alumno. El aprendizaje se desarrolla al mismo tiempo de forma individual y colectiva, con una retroalimentación permanente entre ambas formas.
Este enfoque se concreta en una gran variedad de tipologías de actividades didácticas: proyectos, webquests y recursos de laboratorio, ideados para ser puestos en práctica mediante el trabajo colaborativo. Con ello se favorece el intercambio de puntos de vista, se anima al diálogo y se propicia la negociación y la búsqueda del consenso.

Ten en cuenta que una de las mejores formas para atender a la diversidad del aula es introducir el enfoque cooperativo. Con ello podrás reducir las diferencias entre los alumnos y favorecer el aprendizaje a través del apoyo mutuo. Recuerda que el fin último es alcanzar un objetivo compartido que deberás fijar previamente y que deberá posibilitar el progreso de todos.
El trabajo cooperativo implica el reparto de responsabilidades entre los miembros del grupo. Para ello, debes plantear una actividad que sea variada, dinámica y entretenida para los alumnos. Te recomendamos combinar el trabajo del grupo-clase con el trabajo específico de los equipos, sin perder de vista el trabajo individual. De esta forma, los estudiantes podrán adquirir de forma progresiva mayor autonomía y responsabilidad en su propio aprendizaje.
Para aplicar el aprendizaje colaborativo en el aula, revisa la siguiente infografía. También puedes descargarla en PDF.
