Cuéntamelo y lo olvidaré; enséñamelo y lo recordaré; involúcrame y lo entenderé. El aprendizaje basado en la indagación (inquiry-based learning en inglés) ha de permitir que los alumnos adquieran y apliquen una serie de conocimientos, destrezas y actitudes que les permitan dar respuesta a preguntas, situaciones o problemas de manera autónoma y generar nuevo conocimiento por sí mismos.
Cuando hablamos de “indagar” nos referimos a buscar información para hallar la respuesta a una pregunta, a un interrogante, que queramos solucionar siguiendo el método socrático, basado en la búsqueda de la verdad a partir de un permanente ejercicio de cuestionamiento y análisis. El problema, sin embargo, es que tradicionalmente las preguntas han sido planteadas por el docente, mientras que el aprendizaje basado en la indagación aboga por que sean los alumnos quienes planteen esas preguntas. Para ello, antes es preciso que aprendan a:
- Formular preguntas.
- Buscar y seleccionar información.
- Analizar, valorar y sintetizar información.
- Extraer conclusiones.
- Valorar posibles respuestas.
- Intercambiar puntos de vista con los demás.
El modelo educativo del futuro ha de pasar del “qué sabemos” al “cómo lo sabemos”. La memorización y acumulación de datos de forma acrítica no conduce a ningún sitio, pues si lo que se desea es que los alumnos se involucren de manera activa y crítica y la construcción de su propio conocimiento hay que cederles el protagonismo. Esto requiere, en consecuencia, tener en cuenta que a la hora de diseñar cualquier actividad basada en este enfoque, esta debe enmarcarse en un contexto cercano que permita a los alumnos conocer, comprender y explicar el mundo en que viven.
Pero no solo se trata de esto. Además de hacer que aprendan a partir de un ejercicio de indagación efectivo y significativo, este método también implica mostrar a los alumnos cómo construir y transmitir el conocimiento. Por esta razón, las evidencias de aprendizaje deben ir más allá de los convencionales ejercicios de pregunta-respuesta y apostar por una amplia variedad de actividades y tareas de aprendizaje que va desde los ejercicios de reflexión por escrito hasta la elaboración de “productos” de distinta complejidad como presentaciones, maquetas, videos o elementos multimedia diversos.
En el momento de aplicar este método en las aulas, debe considerarse que existen distintos tipos de alumnos de acuerdo con el tipo de indagación propuesta. Si tenemos en cuenta las investigaciones de Banchi y Bell (2008) y la experiencia de docentes como Trevor McKenzie, la introducción de esta metodología activa de aprendizaje debería darse de manera gradual:
- Estructurada: los alumnos siguen al profesor, que actúa como guía, y el conjunto de la clase se dedica a indagar sobre un mismo tema de manera conjunta.
- Controlada: el profesor elige distintos temas y ofrece una selección de fuentes y recursos de información que los alumnos podrán utilizar para hallar las respuestas que buscan.
- Guiada: el profesor elige los temas o preguntas y los alumnos plantean la solución o diseñan el “producto”.
- Libre: los alumnos eligen el tema sobre el que investigar y proponen el “producto” que consideren más útil para presentar los resultados de su trabajo.